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martes, 28 de junio de 2011

BITÁCORA Martes 28 Junio 2011

Y siguen las confusiones...
Como Ema Wolf nos encantó y estas cuestiones disparatadas nos divierten y nos inspiran, leímos uno más.
Lectura a cargo de Mariana  -
Actuación despatarrada, pero muda a cargo de Rocío.
Los demás mirábamos asombrados...

Lupertius se enoja los jueves
Ema Wolf

El señor Lupertius vive en Banfield. Es un hombre tranquilo y de buen carácter, amable con sus vecinos.
Pero los días jueves se enoja muchísimo.
Cuando le preguntan por qué se enoja los jueves contesta siempre lo mismo:
- Porque el gato de mi prima Elvira tiene pesadillas.
- ¿Y dónde vive su prima Elvira?
- En Don Torcuato.

La historia es ésta:

Todos los miércoles a la noche la prima del señor Lupertius mira la película de terror que dan por tevé.
Su gato insiste en verla también, pero después tiene sueños espantosos. Se revuelve en la cama - duerme con ella - y no la deja descansar.
Es por eso que Elvira saca el gato al patio.
El gato sin sueño se acerca a la jaula del canario y lo despierta con un maullido en la oreja, simplemente para perjudicarlo.
El canario se pega una espantada infalible y vuelca el comedero con alpiste.
El ruido despierta una vez más a la prima Elvira que se levanta con la chancleta en la mano pensando que son ladrones.
Como no enciende la luz, se lleva por delante el perchero y se golpea la frente. Dice unas cuantas palabrotas y entonces sí, enciende la luz.
La luz de la habitación de Elvira le pega en los ojos al vecino del fondo, que acaba de acostarse porque es acomodador de cine.
El hombre aprovecha para ir a la cocina y comer un pedazo de mantecol a escondidas de su mujer.
El ruido de la heladera al abrirse y cerrarse despierta a su perro Fido, que se pone a ladrar de manera histérica.
Por supuesto, los ladridos de Fido despiertan a toda la cuadra.
Pero la única que reacciona mal es la dueña de la casa de altos.
La dueña de la casa de altos sube rápidamente a la terraza, elige una maceta llena y la tira al patio del acomodador con esperanza de acertarle al perro.
Nunca acierta.
La mujer del acomodador sale al patio en camisón gritando que alguien bombardea su casa para robar mantecol de la heladera. A continuación llama a la policía.
La policía interroga a los vecinos tratando de averiguar quién fue el autor del hecho.
Cuando llegan a la casa de Elvira encuentran en su agenda telefónica la dirección del primo Lupertius. El nombre les parece sospechoso.
Entonces mandan un detective disfrazado de vendedor de libros ambulante a la casa de Lupertius, que - como dije - vive en Banfield.
El falso vendedor toca el timbre y se produce este diálogo:
- Vengo a ofrecerle el segundo tomo de la Enciclopedia de la fauna y flora australianas. Pero antes me gustaría que contestara una breve encuesta. ¿Puede ser?
- ¡Cómo no! Pregunte.
- ¿Usted acostumbra arrojar macetas a los patios ajenos?
- No.
- ¿Y a robar mantecol de madrugada?
- ¡Tampoco! ¡¿Por quién me toma?!
- Entonces, chau.
El detective tacha a Lupertius de la lista de sospechosos y se va sin nada más que hacer.
Y todas las veces así.
Pero nuestro héroe queda muy enojado. El episodio lo pone de un humor pésimo durante el resto del día.
Por suerte, eso ocurre solamente los jueves.





BITÁCORA Martes 28 Junio 2011

Más confusiones...

Un cuento de Ema Wolf
El mensajero olvidadizo

En el papel de Artemio, el mensajero: Agustín (voz memoriosa y actuación)

Hace mucho tiempo había reinos tan grandes que los reyes apenas se conocían de nombre.
El rey Clodoveco sabía que allí donde terminaba su reino empezaba el reino de Leopoldo. Pero nada más.
Al rey Leopoldo le pasaba lo mismo. Sabía que del otro lado de la frontera, más allá de las montañas, vivía Clodoveco. Y punto.
La corte de Clodoveco estaba separada de la de Leopoldo por quince mil kilómetros. Más o menos la distancia que hay entre Portugal y la costa de China.
Entre corte y corte había bosques, desiertos de arena, ríos torrentosos, precipicios y llanuras fenomenales donde vivían solamente las lagartijas. Tan grandes eran los reinos...
Cuando Clodoveco y Leopoldo decidieron comunicarse, contrataron mensajeros.
Y como siempre se trataba de comunicar asuntos importantes, secretos, nunca mandaban cartas por temor de que cayeran en manos enemigas. El mensajero tenía que recordar todo cuanto le habían dicho y repetirlo sin errores.
El mejor y más veloz de los mensajeros se llamaba Artemio. Además, terminó siendo el único: nadie quería trabajar de mensajero en aquel tiempo. No había cuerpo ni suela que durase. Pero Artemio era veloz como un rayo y no se cansaba nunca.
El problema es que tenía una memoria de gallina. Una memoria con poca cuerda. Una memoria que goteaba por el camino.
Artemio partía de la corte de Clodoveco de mañana bien temprano con la memoria afinada y tensa como un arco. Al llegar al kilómetro 7.500 más o menos, había olvidado todo, o casi todo. No era para menos...
Lo que no recordaba, lo iba inventando en la marcha.

Una vez la esposa del rey Clodoveco le mandó pedir a la esposa del rey Leopoldo la receta de la mermelada de frambuesas.
Artemio volvió y recitó ante la reina la receta de los canelones de acelga. No se sabe si había trabucado el mensaje en el viaje de ida o en el viaje de vuelta.
La reina pensó que la otra señora estaba loca, pero preparó nomás la receta.
- ¡Qué buena mermelada, Majestad! - decían todos, mientras comían canelones.

Otra vez el rey Leopoldo quiso anunciar al rey Clodoveco la feliz noticia del cumpleaños de su abuela. el mensaje que Artemio debía transmitir era:

Te saludo, Clodoveco,
y te nuncio que mañana
va a cumplir noventa años
la reina nona Susana.

Artemio cruzó valles, selvas, acantilados y charcos, nadó ríos y atravesó planicies a lo largo de quince mil kilómetros.
Cuando llegó a la corte del rey Clodoveco se presentó en la sala del trono y dijo lo que le salió:


Te saludo Clodoveco,
y te cuento: esta mañana
en el jardín florecido
se me ha perdido una rana.


Clodoveco no entendía por qué tanta preocupación por una simple rana. Leopoldo debía estar chiflado. Pero allá mandó a Artemio con un mensaje que decía:


Lo siento, ya conseguirás otra.


Leopoldo, creyendo que se refería a la abuela, se enojó mucho y juró que no cambiaría a su nona por ninguna otra en el en mundo aunque estuviera viejita.

A veces Artemio recorría quince mil kilómetros solamente para decir "gracias". Y volvía con la respuesta. "de nada".

Un día Clodoveco lo envió para que pidiera a Leopoldo la mano de su hija Leopoldina. Quería casarla con su hijo, el príncipe heredero.
Mientras marchaba a través de los caminos peligrosos, Artemio se iba olvidando.
- ¿Qué tengo que pedir de la princesa Leopoldina? ¿Era la mano? ¿No sería el codo? Me parece que era el pie.
Cuando estuvo frente a Leopoldo, dijo:

Te hace el rey Clodoveco
una petición muy grata:
que le envíes enseguida
de Leopoldina una pata.


A Leopoldo le dio un ataque de furia. ¡Cómo se atrevía ese delirante a pedir una pata de su hija!
Mandó a Clodoveco una respuesta indignada por semejante ocurrencia.
Artemio se olvidó de todo.
Cuando llegó a la corte de Clodoveco, dijo sinceramente:


Necesito dormir la siesta
antes de darte respuesta.


Clodoveco creyó que esa era la verdadera contestación de Leopoldo y quedó convencido de que el pobre no tenía cura. ¡Cómo podía pensar en irse a dormir la siesta cuando le pedía la mano de su hija!
Y así siguieron las cosas
Hasta que un día, un día...


Un día el rey Leopoldo le pidió prestado al rey Clodoveco algunos soldados. Quería organizar un desfile vistoso. ¡Qué mejor que los soldados de Clodoveco, que tenían uniformes tan bonitos!
Entonces le mandó decir por Artemio:


Necesito seis legiones,
o mejor: diez batallones.

Pero Artemio, en el colmo del olvido, dijo:


Que me mandes cien ratones.

¡Todo mal!


Cuando Leopoldo recibió en una linda caja con moño cien ratones perfumados, la paciencia se le terminó de golpe.


- ¡Basta! - gritó. ¡Clodoveco me está tomando el pelo! ¡No lo soporto! ¡Si no le hago la guerra ya mismo el mundo entero se va a reír de mí!


Y sin pensarlo dos veces mandó alistar sus ejércitos para marchar sobre el reino de Clodoveco.
Pero antes, como era costumbre, le mandó una declaración de guerra:


Yo te aviso, Clodoveco
que me esperes bien armado
pues voy a hacerte la guerra
por insolente y chiflado.

Artemio se lanzó a través de montañas y llanuras llevando en su cabeza el importante mensaje.
Tanto y tanto tiempo anduvo que cuando llegó a la corte de Clodoveco la noticia se había convertido en cualquier cosa:

Mi querido Clodoveco,
espérame bien peinado,
pues visitaré tu reino
en cuanto empiece el verano.

Clodoveco se llevó una alegría.
- ¡Leopoldo va a venir a visitarnos! Seguramente uiere arreglar el casamiento de Leopoldina con mi hijo. Vamos a prepararle una recepción digna de un rey.
Y ordenó a sus ministros que organizaran la bienvenida.

Si fueras ministro del rey... ¿cómo prepararías la bienvenida?
Rocío pensó en una carroza. Facundo y Ramiro se pusieron a hacer reservaciones en hoteles de lujo y una recorrida turística por la ciudad...


Mientras en el país del rey Leopoldo los ejércitos se armaban hasta los dientes, en la corte del rey Clodoveco todo era preparativos de fiesta.
Leopoldo amontonaba pólvora y cañones. Clodoveco contrataba músicos y compraba fuegos artificiales.
Leopoldo preparaba provisiones de guerra mientras los cocineros de Clodoveco planeaban menúes exquisitos.
En un lado fabricaban escudos y lanzas de dos puntas. En el otro adornaban los caminos con guirnaldas de flores y banderines.
Por fin llegó el día.

Las tropas de Leopoldo avanzaron hacia el reino de Clodoveco haciendo sonar clarines y tambores de combate mientras la corte de Clodoveco salía a recibir al rey Leopoldo vestida de terciopelo, con bufones, bailarines y acróbatas.
Se encontraron a mitad de camino. Unos formados para la batalla, otros cantando himnos que decían "Bienvenido rey Leopoldo".
Los dos reyes, frente a frente, se miraron. Uno con cara de guerra y otro con una sonrisa de confite en los labios.
Artemio se encontró entre los dos. Estaba quieto, muy quieto. Miraba a Leopoldo y miraba a Clodoveco. Se rascó la cabeza y pensó que algo andaba mal, muy mal... Tan mal que mejor encontrara una solución antes de que fuera demasiado tarde.
Bramó un tambor y estalló un fuego de artificio.
Entonces Artemio tomó aire y gritó con toda la fuerza de sus pulmones:

¡Cuídense del rey Rodrigo
si es que quieren seguir vivos!

- ¿Rodrigo? ¿Y quién es el rey Rodrigo? - peguntaron los dos reyes.

¡El que les morderá el ombligo...!

... gritó Artemio, y salió corriendo hacia el norte, veloz como una lecha enjabonada.
Clodoveco y Leopoldo se quedaron pensando. Nunca habían oído hablar del rey Rodrigo, pero parecía un enemigo de cuidado.
- ¿Será el rey de Borboña? - decía Clodoveco.
- No, ése se llama Ataúlfo - decía Leopoldo. Debe ser el rey de Bretoña.
- No creo, me parece que se llama Ricardo, y además tiene un apodo que ahora no me acuerdo...
Así siguieron.
Y todavía están allí, tratando de averiguar quién es el famoso Rodrigo.
Mientras tanto Artemio sigue corriendo, que para eso estaba bien entrenado. Ya se olvidó del rey Rodrigo, y seguramente tampoco se acuerda por qué corre.


¿Querés saber de Ema Wolf? Entrá acá y enterate: http://www.imaginaria.com.ar/00/9/wolf.htm

BITÁCORA Martes 28 Junio 2011

Participamos:
Hoy nos juntamos todos (o casi…): Agustín, Cindy, Facundo, Jeanette, Mariana, Ramiro, Rocío, Sofi y después se sumó Agustina.
Estuvimos MUY ENTUSIASTAS… con ganas de actuar, de leer, de reírnos, de charlar entre nosotros.
Una visita de honor !! Vino Silvia, de la Biblioteca Mafalda a compartir las actividades (¡por eso estábamos tan contentos!).



Sobre las confusiones
Nuestra primera lectura de hoy:
Lectores protagonistas (a dos voces): Agustín y Sofía
Color de Dragón
Un dragón negro le pregunta a otro dragón negro:
- Dragón, ¿de qué color sos?
- Rojo – contesta el dragón negro.
- Qué raro. Estaba convencido de que eras negro.
- No, soy rojo.
Y el dragón le cree y se queda pensando. Después pregunta:
- ¿Y ese pájaro rojo, de qué color es?
- Negro – dice el dragón.
Y el dragón le cree y se va convencido de que siempre vivió equivocado.
Entonces se encuentra con otro dragón negro, y le pregunta:
- Dragón, ¿de qué color sos?
- Azul – contesta el otro dragón.
- ¿No sos negro ni rojo?
- No, soy azul – contesta el dragón negro.
El dragón queda más confundido que nunca. Se encuentra con muchos dragones, uno tras otro, y a todos les pregunta de qué color son.
Y los dragones le contestan: verde, amarillo, naranja, blanco, azul, marrón. Todos de un color distinto.
Entonces el dragón de las preguntas decide:
- Los dragones saben muchas cosas, pero en materia de colores no saben nada.
Desde entonces habla de cualquier cosa menos de colores. No vale la pena.

¿Qué cosas nos confunden? cuando nos dicen lo que no es ¿Quién no entiende de lo que hablamos?
"No entienden los que no están interesados" - dice Agustín. 
Facundo asegura que no entienden "los que no nos escuchan"
¿Hay personas que cuando vemos “rojo” nos dicen que es “azul”? ¿No ven lo mismo que nosotros? ¿Ven las cosas diferente?
 (como le pasó al dragón…)
 Con una lógica precisa, Agustín dice que "porque eran daltónicos"
 ¿Será que los otros nos ven de un color (o de un modo determinado) y nosotros nos vemos a nosotros mismos de otro (como nos sentimos)?

 ¿De qué color 
me siento hoy? 

 
La ALEGRIA es…
ROSA para Agustina - AMARILLA para Agustín y para Faku y AMARILLA con un toque FLÚO para Mariana - Sofi dice que ROJA - NARANJA y un poco azul para Ramiro - CELESTE para Cindy - VIOLETA para Jeanette - Como un ARCO IRIS para Rocío
La TRISTEZA es… CELESTE para Agustina, para Faku y también para Ramiro - AZUL para Agustín y para Jeanette - para Mariana ROJA - NEGRA para Rocío, GRIS para Sofi y para Cindy

 
Las COSQUILLAS son…
BRILLANTES para Rocío - de color NARANJA para Jeanette - AZULES para Cindy - ROSAS (como las rosas rosas) para Sofi - AMARILLAS para Ramiro - VERDES para Agustín y Agustina y también verdes (Flúo) para Mariana - VIOLETAS para Faku
El ENOJO es…
NEGRO para Agustina, Sofía, Jeanette y Mariana - ROJO para Agustín, Cindy, Rocío y Faku - Y para Ramiro el enojo es casi como las cosquillas: AMARILLO

Un ABRAZO se siente de color…
VIOLETA para Agustina - PLATEADO para Agustín - DORADO para Ramiro y para Rocío también - VIOLETA y FUCSIA para Faku, sólo FUCSIA para Mariana y sólo VIOLETA para Sofía - para Cindy los abrazos son AMARILLOS (¡como el sol!) y ROJOS para Jeanette


Lo que más quiero (¿qué será?)
es de color…
PLATEADO para Agustina - VIOLETA (PÚRPURA) para Agustín - ROJO para Faku - MULTICOLOR (Fucsia+Azul+Celeste) para Mariana - ROSANARANJA para Sofía - VERDE para Cindy y Ramiro - MARRÓN para Jeanette - AZUL para Rocío

y nuestros nombres
se pintan así…

 
AGUSTÍN  AGUSTINA  CINDY  
FACUNDO  JEANETTE  
MARIANA   RAMIRO
ROCÍO  SOFÍA


Para pensar...
Para algunos, sus nombres tienen el mismo color con que pintan la alegría...
Y para otros, el color de sus nombres es igual a lo que más quieren...
Algunos comparten el mismo color para los mismos sentimientos. ¿Podrán hablar de ciertas cosas y entenderse bien?

 

viernes, 24 de junio de 2011

BITACORA 23 Junio

Participan:

Facundo (volvió Faku !!!), Mariana, Ramiro, Rocío, Sofía
(Y Santiago... ¿Dónde está?)




¿Qué hicimos?:
Vimos el corto
Globos de Aire



y nos preguntamos:
¿A dónde van las cosas perdidas?
¿El universo se termina?
¿Dónde terminó el vuelo el globito? Debatimos: ¿era el "techo" del universo o era una nave espacial con un imán para globos?
Lo que perdí una vez, ¿lo encontré después?
¿Encontré cosas que nunca había perdido?


Después quisimos jugar con palabras...
¿Qué juego de con palabras conocés?
Y todos jugaron al viejo y famosísimo "ahorcado", pero con reglas complicadísimas (puntos a favor y puntos en contra, puntos repartidos si jugamos en grupo, créditos si adivino la palabra antes de arriesgar una letra).
Ah, sí, para jugar hay que acordar reglas de juego...
Una regla fue: Las palabras tenían que ser "cosas" que vimos en el video.
Otra regla: ¿cuántas cosas le ponemos al muñequito? ¿Tres pelos o cuatro? ¿con orejas o sin orejas?
(Yo sé que hay una manera de ganar siempre, o casi... Descubrí cuál es.)

Ahora, hacele esta adivinanza a tu hermano chiquito
(si gana se va a dormir primero, si pierde... te prepara el desayuno):
Adivinanza
Con “P” comienza mi nombre,
con “O” se llega al final,
dos “ERRES” van de la mano.
¿Encontrarás la vocal?

PERRO

Carlos Blanco Sánchez
Adivinanzas en danza
      

BITACORA 21 Junio 2011

Los opuestos:

Bendición de Dragón
Que las lluvias que te mojen sean suaves y cálidas.
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar.
Que las nubes cubran el sol cuando estás solo en el desierto.
Que los desiertos se llenen de árboles cuando los quieras atravesar. O que encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que hace falta.
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.
Que nunca te falte el fuego.
Que nunca te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo.
Si te falta el amor, no hay agua ni fuego que alcancen para seguir viviendo.

Maldición de Dragón
Que tengas comida hasta sentirte harto todos los días de tu vida.
Y que vivas muchos años.
Que nunca te falten ni el agua ni la luz. Que los senderos sean suaves cuando los camines.
Que las espinas se aparten de tu lado. Que tus caminos sean suaves cuando los camines.
Que las espinas se aparten de tu lado. Que tus enemigos te dejen pasar sin atacarte. Que ningún dolor te hiera en el costado. Que nadie te lastime a traición. Que nadie te ofenda sin siquiera con su gesto. Que tengas todo lo que se puede desear por largos, larguísimos años.
Pero que te falte el amor.





Pena de Dragón
Larga y negra es la pena de un dragón.

Nunca se sabe de dónde le viene la pena, pero cuando llega, el mundo se oscurece y todos creen que hubo un eclipse, de repente el sol queda tapado, y los pájaros dejan de cantar.

Porque el tamaño de la pena de un dragón es igual al tamaño del sol, y la pena vuela y se instala justo allí, en ese lugar donde estaba la luz.

Entonces los pájaros dejan de cantar y se esconden en sus nidos, las flores se cierran suavemente, confundidas, y las hormigas se van a la cueva más honda, con un desasosiego que las hace chocar unas contra otras equivocando su camino.

Nadie puede saber cuando llega la pena de los dragones. Ellos tampoco. Simplemente, en algún momento, los invade una sensación de estar equivocados, de estar en un lugar que no es su lugar.

Entonces los cubre la pena, como una sombra larga, amarga, y su enorme corazón de dragón hace un ruido de ríos que desbordan, de vientos de furia que pasan arrasando los árboles y desgastando las montañas.

Mucho tiempo dura la pena de un dragón. Por lo menos a ellos les parece un tiempo muy largo y muy lento.

Pero no debe ser cierto. Si fuera cierto el mundo se terminaría, porque no puede estar cien años en la oscuridad. Porque ese es el tiempo que creen los dragones que les dura la pena.

Tal vez no sea sino un pequeño rato del tamaño de un suspiro, pero ellos sienten que una pena tan enorme tiene que durar un tiempo tan enorme.

Los dragones, que saben muchas cosas, no tienen una medida exacta del tiempo de afuera y del tiempo de adentro de su corazón.



Lo que no son penas: Nuestras alegrías
Para Ramiro:
Un momento de felicidad: Jugar con mis amigos a la pelota.
Un sueño que sueño que se hace realidad: Lo que más me gustaría ser: un jugador de fútbol.


Para Sofi:
Un momento de felicidad: jugar con mis amigas.
Un sueño que sueño que se hace realidad: ser maestra cuando sea grande.
Para Agustín:
Un momento de felicidad: dura dos segundos (es así de rápido) y es intangible [sic], no se puede tocar porque está acá dentro, se siente acá [señala su corazón]

BITÁCORA 21 Junio 2011

Participan:
Agustín, Cindy, Jeanette, Mariana, Ramiro, Rocío, Sofía.
Hoy no vino Facundo (porque tuvo una sobrinita !!!). Ahora: Tío Faku.
¿Y Santi? ¿Dónde se escondió Santiago?







Leímos el cuento preferido de Rocío:
El Loro Pelado,
de Horacio Quiroga

Esta historia fue publicada por primera vez en el libro Cuentos de la Selva, en el año 1918,
(hace muchisísimos años !!!).

Así empieza la historia:

Había una vez una bandada de loros que vivía en el monte. De mañana temprano iban a comer choclos a la chacra, y de tarde comían naranjas...


Si querés leer el cuento completo, hacé click en este link: http://www.cuentosparachicos.com/ESP/cuentosmodernos/LoroPelado1.htm
o en este otro:
http://www.redargentina.com/Faunayflora/Aves/loropelado.asp

Hay muchos otros cuentos de Horacio Quiroga (Rocío es fanática de todos !!): La tortuga gigante, Las medias de los flamencos, La guerra de los yacarés, La gama ciega.. Te pueden gustar mucho, poquito o nada...

En este enlace podés leer algunos: http://imagenes.blogdiario.com/1242512578/

Mirá: este señor es Horacio Quiroga. Nació en Uruguay en 1878 y murió en Argentina en 1937. Sus relatos son algo temibles (y, a veces, horrorosos), por eso algunos lo han comparado con el escritor estadounidense Edgar Allan Poe (que sí da miedito...)


BITACORA 16 Junio 2011

Lo que sueña un Dragón

A los dragones les gusta soñar. Les gusta porque siempre sueñan cosas hermosas. Los sueños de los dragones no son como los otros sueños, un humo que se va. Son sueños que van tomando forma hasta que se los mira y se los ve de cuerpo entero. Si un dragón sueña con un árbol enorme, lleno de flores, cuando se despierta encuentra a su lado un lapacho un ceibo o un jacarandá. Si sueña con mariposas, apenas abre los ojos ve un mundo de mariposas con alas doradas, con alas azules, con alas de todos los colores revoloteando por el monte.

¿Cómo, si no fuera por los sueños de un dragón, podríamos entender que de repente aparezcan millares de golondrinas en el cielo? ¿Cómo podríamos explicarnos que de un día para otro el campo se llene de flores rojas? ¿Cómo podríamos entender que de la nada salga un arco iris? ¿De dónde aparece un sol radiante en medio de la lluvia?
Sólo se explica por el sueño de un dragón. Y los dragones quedan contentos con sus sueños, porque saben que producen cosas hermosas. Pero una vez un dragón tuvo una pesadilla. Soñó con una espantosa serpiente de siete cabezas, horriblemente perversa, que quería destruir el mundo entero.
- ¡Odio las flores!- dijo una de las siete bocas.
- ¡Odio los pájaros!- dijo otra mostrando los colmillos repletos de veneno.
- ¡Odio los monos!- dijo una tercera cabeza.
- ¡Los mataremos a todos!- dijo otra.
- ¡Los mataremos y los comeremos!- rugió la quinta.
- -¡A los monos y a todos los animales del mundo!
- ¡Y los comeremos y los comeremos y los comeremos!- dijo la séptima.
Entonces se despertó el dragón y alcanzó a ver las siete cabezas que se perdían a la distancia buscando monos y pájaros y flores y a todos los animales del mundo para matarlos y comerlos.
-¡Qué hice!- se asustó el dragón.
Pero no había tiempo para lamentos, y corrió por el sendero marcado por la serpiente donde no quedaban ni rastros de flores ni de animales. El dragón voló y pasó por arriba de la serpiente y bajó cortándole el camino.
-¡Qué lindo dragón!- dijo una cabeza.
-¡ Lo mejor para comenzar a comer!-dijo la segunda.
La tercera no habló. Ya había estirado su cuello con la velocidad de una centella hacia el cuerpo del dragón. Fue un movimiento casi invisible por la rapidez, pero el dragón que sabía con quién estaba soñando, ya no estaba en ese lugar.
-¡Así me gusta! –dijo otra cabeza.
-¡Qué bien que pelea!
-¡Así nos podemos divertir!
-¡Sólo matar y comer es aburrido!
-¡Lo mejor es pelear!
-¡Pelear y matar y comer!
Y la serpiente atacó largando mordiscones para un lado y para el otro.
El dragón se las veía negras tratando de golpear con sus poderosas garras alguna de esas cabezas que nunca estaban en el lugar donde llegaba el golpe. Apenas logró en un momento rozar a la serpiente con las garras y sacarle una escama del cuerpo. Apenas una escama que voló y cayó a lo lejos. Entonces probó con el fuego. Nada en el mundo podía resistir el fuego de un dragón. Dio un paso para atrás, resopló, y largó la llamarada roja más grande que nunca hubiera largado un dragón. Un fuego espantoso, largo, oscuro, que recorrió todo el espacio donde estaba la serpiente. Ardieron los árboles de alrededor y la tierra despidió un humo espeso, enrojecida
por el calor.
El dragón miró el humo que comenzaba a borrarse, buscando los restos de la serpiente, y se distrajo. Cuando se dio cuenta del tremendo salto de la serpiente, ya que estaba envuelto en sus poderosos anillos. Las siete cabezas gritaban y reían y giraban enloquecidas.
-¡Dragón estúpido! ¿No sabías que no hay nada que nos guste más que el fuego?
-¡El fuego nos entusiasma como ninguna otra cosa!
El dragón tiraba tremendos golpes, pero las cabezas siempre estaban en otro lugar, y los anillos de la serpiente apretaban cada vez más. Entonces el dragón voló, voló hasta muy arriba, cerca de las estrellas, donde el frío es como el espanto y todo se convierte en un hielo de muerte que sólo aguantan los dragones.
-¡Eso, un poco más alto! Después del fuego no hay nada que nos guste más que el fríogritaron
las siete cabezas.
Entonces el dragón bajó, bajó como una flecha, se zambulló en el medio del río, en esa zona profunda donde no llegan ni los peces. Así ahogaría a la serpiente.
-¡Eso, eso!- gritaron las siete cabezas -. Nada nos gusta más que estar bajo el agua. Pero después queremos otro poco de fuego.
La serpiente seguía enroscada en el dragón. Siete días y siete noches volaron, lucharon, cayeron, nadaron, subieron, bajaron, siempre como un solo cuerpo. Sin descansar. Al final, en un descuido de la serpiente, el dragón logró escapar de sus anillos. Pero ya no sabía qué hacer. Había probado todas sus argucias y había usado toda su fuerza de dragón, pero la serpiente parecía invencible.
-¡Nos estamos divirtiendo como nunca!-gritaron las siete cabezas.
-¡Jamás nos había pasado algo tan hermoso! ¡Te queremos, dragón! ¡Que esta pelea no se acabe en mucho tiempo!
-¡Nos aburren las peleas tontas con animales tontos!
-¡Queremos pelear, pelear y pelear!
-¡Atacá de nuevo, dragón! ¡Te estamos esperando!
El dragón retrocedió un poco.
-¡Estás escapando, dragón cobarde!
El dragón pensó en volar, volar muy alto y muy lejos, y olvidarse para siempre de esa serpiente. Pero entonces ella mataría a todos los animales. No había caso. Escapar no servía. Pero si…quizás sí podría servir…
El dragón voló hacia lo alto. Subió y subió, burlándose de la serpiente, mientras las siete cabezas lo llenaban en insultos. Y legó hasta el lugar más alto, arriba de todas las nubes y las sombras. Entonces planeó en círculos. En grandes círculos, dejándose llevar por el viento. Y allí, mientras planeaba, cerró los ojos y se durmió.
Ya sabía lo que tenía que soñar. Y soñó.
Soñó con pájaros y flores, soñó con ríos crecidos, soñó con el arco iris, y cuando en medio del sueño apareció la serpiente de siete cabezas que peleaba enloquecida de furia, se dio vuelta en el aire para borrar su sueño. Porque los sueños se borran si uno se da vuelta para el otro lado mientras está soñando. La serpiente se borró. Se borró de golpe, sin dejar ningún rastro de serpiente. Entonces el dragón abrió los ojos. Estaba cansado, pero voló muy rápido para volver a
ver el sitio de su pelea. El lugar estaba como antes. Como siempre. Estaban los árboles y las flores. Estaban las mariposas y los monos. Y no había rastros de la serpiente. Ningún rastro de la pelea.
Apenas una escama que brillaba y no brillaba en el suelo.




El sueño de Agustín:
Soñé con un dragón que despedía fuego y se tragaba mi espada. Entonces busqué un conejo (porque yo sé que los dragones se asustan con los conejos) en una plantación de zanahorias. Y cuando el dragón se distrajo mirando al conejo le bajé los pantalones y se le vio el calzoncillo de Dora la exploradora. Y me desperté y mi abuela me había traído un libro de dragones.

El sueño de Mariana:
Yo sueño siempre con la escuela. Esas son mis peores pesadillas.

El sueño de Facundo:
Yo estaba sentado en el borde de un balde y mi primo me empujó y yo me caí adentro del balde que se hizo enorme y me ahogaba.

¿Cómo desaparecen los sueños feos?

La receta de Santi:
Me lavo la cara con agua fría (sobre todo si sueño con Chucky)

La receta de Facu:
Le cuento a mi mamá y después me vuelvo a dormir.

La receta de Rocío:
Me doy vuelta y sueño otra cosa.

¿Qué podía hacer el Dragón?


- Soñar que vencía a la serpiente. (Rocío)

- Soñar que el sueño no había existido nunca, que había sido una fantasía. (Agustín)




Ilusiones


En la magia de los sueños
ellos vienen desde lejos.
Son las brujas caprichosas,
son las hadas misteriosas.
Son los duendes,
los fantasmas,

y los seres con espadas.
(Cuando llega la mañana
son burbujas,
no son nada.)

Isabel Muñoz










(uno más para antes de irse a dormir)

Imagen: Carolina Farías
Cuento con dragones y princesas

Cuando Kerpo llegó al mundo, su mamá dragona lo miró con ojos llameantes. Lo vio tan bello que supo que su vigésimo séptimo hijo no sería un dragón más.
Y es que Kerpo era particularmente hermoso, con su cuerpo regordete y rollizo. Su piel escamosa era de un verde brillante y sus dos alas se movían acompasadamente, provocando delicadas brisas o violentas ráfagas.
Si uno lo miraba profundamente a los ojos, podía conocer el color de todos los atardeceres de Siam, la aldea cercana a su hogar. Como todo dragón que se precie de tal, tímidos fueguitos asomaban por debajo de su lengua.
A medida que fue creciendo, su belleza lo tornó famoso. Dragonas de otras comunidades venían a conocerlo, a admirarlo. Y es que Kerpo era ahora todo un dragón adolescente, dueño de una belleza salvaje y capaz de producir llamaradas indómitas.
Sus admiradoras lo acosaban, lo perseguían, lo invitaban a tomar el té en hermosas cazuelitas de porcelana. Le escribían cartas apasionadas, aunque habitualmente su fogosa mirada las quemaba antes de llegar a leerlas.
Pero a Kerpo no le importaban demasiado aquellas dragonas cabecitas huecas y atrevidas. Prefería seguir con su vida simple de dragón, que es una vida muy hogareña y familiar.
Se levantaba cada mañana, se lavaba los dientes con aguarrás y una vez por semana se hacía gárgaras con pólvora, para que su fuego tuviera también algún efecto sonoro.
Después, caminaba por las colinas de Siam, siempre alerta, ya que no eran pocos los cazadores de dragones por aquellas comarcas.
Luego, compartía con su familia un plato de cerezos maduros y entonces, sólo entonces, cuando salían las primeras estrellas, se aventuraba por la aldea.
Una de esas tantas noches, conoció a la princesa Lee-Fú, que en mongol antiguo significa “amante de dragones”. Lee-Fú no sabía el significado de su nombre, ya que la única profesora de mongol antiguo de Siam, se había fugado con un luchador de sumo.
Aquella noche, la princesa se encontraba en sus aposentos reales, con su túnica de seda bordada en hilos de oro, que era la que usaba de entre casa, por si se manchaba con sopa de tortuga. Se había peinado con un alto rodete sujeto con dos palitos.
Silenciosamente, Kerpo se introdujo por una ventana, en el cuarto de Lee-Fú. Observó a la princesa que, de espaldas, se pintaba las uñas de los pies con esmalte de cañas de bambú.
Kerpo sintió que el corazón le ardía. El amor lo consumía, lo incendiaba, lo incineraba.
Cuando Lee-Fú hubo terminado de pintarse sus dedos meñiques, que eran los más difíciles, se incorporó. Fue entonces cuando sus ojos rasgados se encontraron con los del dragón.
Lejos de asustarse, Lee-Fú lo recibió con amabilidad y le ofreció tomar asiento en un taburete de terciopelo. Kerpo no pudo hacerlo, porque su larga cola en punta se lo impedía. La princesa lo convidó entonces con un copón de jugo de centella asiática. Pero cuando Kerpo se dispuso a beberlo, llamaradas incontenibles salieron de su boca.
En ese momento, la princesa pegó un grito aterrador: el esmalte de cañas de bambú se derretía al calor del fuego. Con el trabajo que le habían dado los dedos chiquitos…
En cuestión de segundos, el fuego se apoderó de las cortinas de finísimos tules, de las alfombras de piel de víbora, de los abanicos multicolores que adornaban las paredes y hasta de la foto del viaje de egresados de Lee-Fú en Pekín, con sus compañeros de curso.
Al ver el incendio, los cortesanos juntaron agua en teteras de plata y corrieron a apagarlo.
Cuentan en Siam que las llamas tardaron horas en extinguirse. El palacio todo quedó convertido en cenizas. Recuerdos de dinastías milenarias eran ahora una montañita gris.
De la princesa no se encontraron rastros.
Pero algunos dicen haberla visto remontar vuelo, sobre una extraña criatura alada, con los ojos del color de todos los atardeceres.

Valeria Dávila

Este cuento ganó el Segundo Premio del Tercer Concurso Internacional de Cuentos para Niños de Imaginaria y EducaRed.