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jueves, 14 de julio de 2011

BITÁCORA Jueves 14 Julio 2011

Se acercan las vacaciones de invierno... ¡Qué ganas de tirar todo por la ventana!

 
Hoy hicimos un par de experimentos con antojo de escritores:

 
Facu se apropió de todos los libros de colmos y adivinanzas que encontró en la Biblioteca. Y nos desafió a que descubriéramos las respuestas. Claro, qué vivo, él leía y se las sabía todas…
¡Pero Agustín, sin leerlas, acertaba siempre primero !
Yo me acuerdo de una sola:
¿Qué se pone Super-man cuando va a salir?...
cha-chán…¿adivinás?

 
Super…fume

 
Rocío también se enganchó, pero - no sé si por tramposa o por despistada - nos preguntaba si sabíamos cuál era el colmo de… y se fijaba en la respuesta de otro colmo. ¡Así no vale! ¡Nunca íbamos a adivinar!

 

 

 
¿Y si inventamos nuestros propios colmos y adivinanzas?

 
Facu fue a buscar una máquina de escribir (porque los escritores escriben con máquinas de escribir con carreteles de cinta de tinta gastados y teclas que hay que apretar mucho para que funcionen) y con mayúsculas escribió:

¿CUAL ES EL COLMO DE UN ALBAÑIL?
QUE SE LLAME JUAN PAREDES

después las teclas empezaron a enredarse en un manojo de letras impresas ilegibles: ñslkjwrtyyqzxy)

 
Agustina escribió en un papel:

¿Cuál es el colmo de un pelado?
Que le tomen el pelo
¿y el de un verdulero?
tener un hijo zapallo

Agustín hizo una interesante adivinanza dibujada

 
Tengo 4 patas que no son largas y dan vueltas… ¿qué soy…?
UN AUTO !! .

y otra más, escrita:
Soy de la basura
(camionero no soy)
entonces ¿qué soy?
(un cesto de basura)

 
Hicimos otro pequeño experimento:
¿Escribimos algo entre todos?

Lo intentamos así:
sentados en ronda comenzamos a escribir una frase en el primer renglón de una hoja y la doblamos (para que nadie la vea) y las últimas palabras de esa frase en el renglón que sigue para que, con esas mismas palabras, el siguiente compañero escriba continuando una nueva frase. Y así repetimos estos pasos hasta que se terminó la hoja y quedó como un bandoneón.

¿Qué salió? Algo que empezó muy bien…

 
En el país de los Orejas Verdes pasan cosas raras: se los comen los dragones y cuando lo hacen se ponen verdes. Las cosas son rarísimas: los árboles son amarillos, los pájaros reptan, los gusanos vuelan, las flores huelen a huevo podrido y los zorrinos a flores. No hay nada normal. Los árboles hablan y las flores caminan con pies de patos y los perros ladran como gatos. Algo curioso ocurre de madrugada: diez soles grandes y brillantes juegan con diez lunas a la mancha…

 
...y después se transformó en algo realmente raro y sin sentido.

 
Conversamos sobre las palabras: las que no nos gustan, las que lastiman nuestros sentimientos, las "buenas" y "malas" palabras, las groserías, las palabras raras, las palabras que no sabemos qué significan...  

 
Y hablando de cosas extrañas y absurdas y de palabras enredadas… me acordé de este cuento:

 
Los dos dados dados vuelta, de Maite Alvarado

 
Había veces en que aquel viejo cascarrabias montaba en cólera y galopaba furibundo alrededor de la pieza. ¡Y eso que era viejo!

 
Era un ancianito de cara rosada y pelo blanco, que respondía al nombre de Don Cosme.
Detrás de esa apariencia de abuelo cariñoso, se escondía un incontrolable mal genio.
Don Cosme tenía dos defectos: le gustaba demasiado jugar a los dados y no soportaba perder.

 
Con estos datos podrán imaginarse en qué terminaban aquellas reuniones de jubilados que se juntaban por las tardes a jugar a la generala: puñetazos a la mesa, amenazas de vendetta (que era la forma en que se decía “venganza” entre rivales mafiosos), portazos... ¡Don Cosme era inaguantable!

 
(¿sabés jugar a la generala? Si no sabés, te cuento más abajo)

 
Pero una tarde… -¡de sólo recordarla tiemblo!-…la furia y la ferocidad del anciano llegaron al colmo.
¿Saben cuál es el colmo de un mal perdedor de generala?... ¡Tirar los dados contra un espejo y romperlo!

 
Bueno, precisamente eso fue lo que hizo Don Cosme. El espejo del armario del cuartito viejo donde jugaban a la generala sentados alrededor de una mesa, mateando para matar el tiempo, se desplomó hecho trizas, llevándose consigo el reflejo de los cuatro viejos mateando para matar el tiempo sentados alrededor de una mesa del cuartito viejo donde jugaban a la generala.

 
- ¡Cosme, qué hiciste! – se lamentaba el dueño de la casa, agarrándose la cabeza con las dos manos como si se la fuera a sacar de un tirón.
-  ¡Son veinte años de yeta! (que en lunfardo significa “mala suerte” y… ante la presencia de mala suerte, dicen, hay que tocar madera … y que no sea un mueble de cuatro patas ¡!!!... Ah, ¿Qué qué es lunfardo? es un vocabulario que tuvo su origen en Buenos Aires y deriva de ciertas palabras de la lengua de los inmigrantes europeos o son palabras inventadas)  ¡Son veinte años de yeta! – gritaba otro por lo bajo, mientras se persignaba mirando una estampita de la Virgen de Luján -. Que Dios se apiade de vos, viejo – agregó en un hilo de voz como rezando.

 
¿qué cosas dicen por ahí que traen mala suerte?
Que se te caiga sal… (hay que echarla por detrás del hombro para evitar la mufa).
Pasar por debajo de una escalera
Que se te cruce un gato negro  hace referencia al temor de encontrarse con una bruja y enfrentarse a uno de sus hechizos.
Entrar a una casa con el pie izquierdo
Los días martes 13
Volcar vino (para contrarrestar la mufa hay que mojar el dedo con el vino derramado, pasarlo por la frente del que lo volcó y exclamar: "¡Alegría, alegría!").
Regalar pañuelos (el que recibe el pañuelo tiene que entregar una moneda al que se lo regala, para evitar - dicen -futuras peleas).

 
¿Seguimos con el cuento?

 
Porque, efectivamente, según dicen las malas lenguas – que son lenguas que andan por ahí sueltas, aunque nadie las ve, y murmuran cosas a los oídos desprevenidos -, romper un espejo es una de las peores desgracias: son siete, diez, veinte años de mala suerte para el que lo rompa.
Y Don Cosme, como buen jugador, era supersticioso.
Así que, asustado por lo que había hecho, salió ligerito rumbo a su casa, esperando que ninguna desgracia le ocurriera en el camino.

 
Abrió la puerta, entró y miró atentamente para todos lados, para cerciorarse de que no hubiera nada raro. Y como estaba en su lugar, se sintió más aliviado y fue a colgar su sobretodo en el ropero.
Pero al abrir el ropero… ¡oh, terrible sorpresa!

 
 … ¡¿Qué pasó al abrir el ropero?!
Salió una garrapata
Volaron polillas
Se le vino toda la ropa encima…

 
Noooo…, nada de eso. Sigo con el cuento:

 
Cuando abrió el ropero…
Se dio cuenta de que no se reflejaba en el espejo que había en una de las puertas.

 
¡Se estaba convirtiendo en vampiro! (adelantó Agustín)

 
El espejo mostraba la habitación ordenada hasta en sus menores detalles, hasta la tenue telaraña suspendida en el rincón del cielorraso. Todo, quieto, estaba en el espejo. Menos Don Cosme, cuya cara, pegada al vidrio, trataba de asomarse al otro lado para ver sónde se había escondido su imagen.

 
¿Hay algo del otro lado de los espejos?

 
Primero se sorprendió: hacía tanto que se miraba al espejo cada vez que abría el ropero, que se había acostumbrado a conversar con ese otro Don Cosme que repetía sus movimientos.

 
¿Hablás con tu "otro yo" que está en el espejo?
¡Juguemos de a dos a los espejos !

 
Pero poco a poco la sorpresa se convirtió en miedo, en terror, en pánico. ¿Adónde había ido a parar su imagen?
Alguna vez había leído que sólo los vampiros, como Drácula, no se reflejaban en los espejos. (esto se lo dijo Agustín??) Y pensó que él mismo era uno de aquellos monstruos nocturnos que beben sangre. Pasaba las noches en vela, vigilándose, aguardando el momento en que saldría volando convertido en murciélago. En esas noches interminables, se palpaba los colmillos para comprobar si habían crecido o se habían afilado asemejándose a los de los vampiros del cine.

 
Nada de eso sucedió, sin embargo. Y Don Cosme, una vez pasado el susto, se sintió triste y despistado. Porque, como no tenía dónde mirarse, se ponía la ropa al revés, la barba le crecía salvajemente y hasta llegó a ponerse los anteojos en la nuca.
Cuando la situación se volvió insostenible, Don Cosme decidió que tenía que hacer algo para solucionarla.

 
Una noche templada de marzo, salió de su casa siguiendo una musiquita que iba y venía en el aire estrellado.
La brisa traía el olor y el humo de las fogatas con que los chicos despedían el verano. Al final de una calle de tierra, un parque de diversiones desplegaba sus luces.

 
De allí venía esa musiquita parecida a la que tocaba el organillero (que era un señor que ejecutaba un organillo: un instrumento que reproducía melodías) que adivinaba la suerte cuando él era chico.
Dentro del parque había gente comiendo algodón azucarado (¡me encanta!) y saludando desde la vuelta al mundo (me marea!!).

 
En medio de los juegos, Don Cosme alcanzó a ver una carpa con un letrero que decía:

 
LA GITANA CELESTE
LE ADIVINA LA SUERTE
CUESTE LO QUE CUESTE

 
¡Ése era el lugar indicado! Don Cosme casi corrió hacia la carpa, llevándose algunos chicos por delante…

 
 - Veo encuentros – empezó a decir la gitana (adivina), resplandeciente de lentejuelas -. Todas las tardes… Números… Azar… un parque de diversiones mental con muchos espejos… pero en ninguno está tu imagen…
- ¡Se fue! ¡No la puedo encontrar! – gimió el pobre viejo.
- ¡Ah, ciruja (en lunfardo: vagabundo de mal aspecto) ! – lo retó la gitana -. Desafiaste a la suerte rompiendo el espejo… Lo estoy viendo – y abría unos inmensos ojos negros en los que se veía, diminuta, la imagen de un espejo resquebrajado.
Señora… - se animó a decir Don Cosme -, yo soy un pobre viejo…
- Testarudo – lo interrumpió la gitana, cortante.
¿Cómo puedo solucionar este problema?
- ¡Ah! – exclamó ella, alargando la mano hacia él -. Venga el peso.
El anciano, tembloroso, le entregó un billete.
Sólo te queda esperar un golpe de suerte. Cuando en medio de una partida de generala, tires dos dados dados vuelta, recuperarás tu imagen en el espejo – y al decir esto los ojos se le pusieron blancos con pintitas negras.
Pero… - dijo Don Cosme confundido - ¿dos dados dados vuelta? ¡Si los dados no tienen revés! ¿Cómo me voy a dar cuenta?
Para entonces, la gitana ya había cerrado los ojos y un hermoso gato negro se estiraba a sus pies.
Desconcertado, Don Cosme abandonó la carpa entre destellos de lentejuelas.

Desde aquella noche, Don Cosme volvió a jugar a la generala, pero ya no era el mismo. No se concentraba en el juego, sólo miraba fijamente los dados que tiraba. Y sin embargo, no había partida que se le resistiera: todas las tardes ganaba. Los demás viejos estaban asombrados.
Por las noches, como un sonámbulo, se levantaba y abría la puerta del ropero buscando su imagen. Y el espejo siempre le devolvía un cuarto vacío y ordenado.
Hasta que una tarde, finalmente, perdió una partida. Necesitaba dos ases para la generala, pero sacó doble seis. “Perdió”, murmuraban temerosos sus compañeros de juego. Pero él no parecía enojado. Más bien todo lo contrario: una ancha sonrisa le iluminaba la cara. Se había puesto de pie y, sin dejar de mirar los dados, gritaba: “¡Los dos dados dados vuelta! ¡Son los dos dados dados vuelta!”.

Fijate en un dado: del lado contrario del uno (el as) hay un seis.
Y fijate en algo más: si sumás los números de los lados contrarios de un dado… ¿cuál es el resultado?
Sí, siempre es = 7

 
Te sigo contando:

Nadie entendía nada. Y menos cuando el viejito, dando saltos de acrobacia, salió corriendo rumbo a su casa seguido por todos los perros del vecindario.
Llevándose la alfombra por delante, abrió la puerta del ropero y…

 
¿Y? ¿Habrá pasado lo que dijo la adivina?

 
…abrió la puerta del ropero y…

¡allá estaba el otro Don Cosme esperándolo, con su cara barbuda y el saco del revés!

- ¡Viejito! – le dijo Don Cosme (que hablaba con su otro Don Cosme del espejo) - ¡Tanto tiempo! ¡Qué mal se te ve, con esa pinta! (pinta, en lunfardo, quiere decir: aspecto, apariencia)  ¿Dónde estuviste?
Y, con un gruñido de satisfacción, se sentó a mirarse un largo rato.

................

 
Todos los juegos tienen reglas para jugar.
Acá te cuento el Reglamento de La Generala:

 
La generala es un juego de dados.
Se juega con cinco dados y un cubilete (un vasito para dados).Pueden jugar todos los que quieran.
Objetivo del juego:
Lograr el mayor puntaje, de acuerdo a una valorización establecida para cada categoría del juego.
Comenzamos a jugar:
Se comienza el juego con el lanzamiento de los cinco dados por parte de uno de los jugadores.
Cada jugador puede hacer hasta tres tiros por turno.
Y en su turno debe hacer una categoría.
De acuerdo a los números que salen se puede armar una categoría con el resultado.
Hay tiros que dan categorías completas y se los llama “servidos”.
Si no se logró alcanzar una categoría en el lanzamiento de tres tiros, se deben sumar los números iguales (por ejemplo si son tres 1 se debe anotar 3 al 1, si hay dos 6 se debe anotar 12 al 6). 

 
Nota: al anotar los puntos que logró el jugador, si la categoría del juego que armó ya está cubierta, tenés que optar por tachar un cuadro que esté vacío. Por ejemplo, si el jugador forma un full y ya lo tenía, se deben sumar los números iguales para anotar, si ya tiene puntos en ese número, entonces hay que tachar cualquier otro cuadro de la tabla de puntuación que esté vacío: por ejemplo, cero puntos en la generala.

 

Juego y puntajes


 
El puntaje se obtiene según la categoría que se arma con la combinación de los dados.
Para anotar los puntos de cada jugador, se dibuja una planilla que va del 1 al 6, luego escalera, full, póquer, generala (y, si querés, doble generala) y separar con barras verticales los nombres de los jugadores.
En cada línea (que corresponde a cada categoría) se coloca el puntaje que logró cada jugador en su turno de tirar los dados. Por ejemplo: tres 6 valen 18 puntos para el seis; dos 4 valen 8 puntos para el cuatro.
1: se coloca el número que de la suma de 1 obtenidos
2: se coloca el número que de la suma de 2 obtenidos
3: se coloca el número que de la suma de 3 obtenidos
4: se coloca el número que de la suma de 4 obtenidos
5: se coloca el número que de la suma de 5 obtenidos
6: se coloca el número que de la suma de 6 obtenidos
Escalera: (Se puede formar 1-2-3-4-5 o también 2-3-4-5-6). Si es servida se anotan 25 puntos y si no lo es, 20.
Full: (se forma con tres dados de un mismo número y dos dados iguales de otro número). Si es servido vale 35 puntos, de lo contrario 30 puntos.
Poker: (cuatro de un mismo número). Si es servido vale 45 puntos, en caso contrario 40
Generala: se forma cuando después del segundo o tercer tiro se logran los cinco dados con un mismo número y vale 50 puntos !!!. Si sale de un solo tiro, se llama generala servida y el jugador automáticamente gana el juego.
 
 
Si acordaste jugar con Generala doble vale 100 puntos. Pero primero hay que que tener una generala.

 

Variantes

La generala OBLIGADA , que es igual a la generala pero hay que ir haciendo los juegos según el orden de las categorías: desde el 1 a la generala.
Uf !! Es más difícil explicar un juego que jugarlo !!

 

martes, 12 de julio de 2011

BITÁCORA Martes 12 Julio 2011

Armamos nuestro mini-cine para mini-público (es decir, una compu portátil) y vimos la peli “Donde viven los monstruos”.
En esta tarde de mucho frío extrañamos a dos ausentes: ¡los maníes con chocolate y el conito de pochoclo! (y también a algunos de nuestros amigos que no se animaron a salir de casa).
Reconocimos a Max y a todos (o casi todos) los monstruos de Sendak.
Pero este libro transformado en película – como ocurre con muchos libros llevados al cine - se convierten en otras historias, nuevas historias, distintas a las originales.
¿Mejores o peores?
Ustedes dirán.

viernes, 8 de julio de 2011

BITÁCORA Jueves 07 Julio 2011


¿Dónde viven los monstruos?
¿en los sueños? ¿en las pesadillas?
¿en los rincones oscuros? ¿en los espejos?
¿en un ropero? ¿debajo de la cama?
¿en la imaginación? ¿en los miedos?








Donde viven los monstruos
(título original en inglés Where the wild things are)
es un libro infantil creado por Maurice Sendak

Es un verdadero clásico y casi una referencia obligada en la historia de los libros ilustrados para niños.
La primera edición de este libro fue lanzada en Estados Unidos en 1963. Sin embargo, la primera edición en nuestro país fue más de 40 años después: en el 2007.
Donde viven los monstruos es el primer libro de una trilogía que incluye La cocina de noche(In the Night Kitchen, 1970) y Outside Over There (1981).



Esta pieza animada está realizada con las ilustraciones y el texto del libro original de Sendak. Disfrutalo.


¿cuánto tiempo sos capaz de aguantar
mirar fijo sin pestañear?

¿cuál es tu truco mágico para
desafiar a los monstruos que te asustan?

¿cuál es el lugar
donde te quieren más que a nadie?











Lejos de quedar en el olvido, este relato desafió el tiempo, el espacio, los idiomas y también los límites literarios...
Una versión del libro que seguro ya viste:
En Los Simpson, de Matt Groening. Episodio The Girl Who Slept Too Little (La niña que dormía demasiado poco) (Temporada N° 17, 2do. Episodio, 2005)
Lisa Simpson lee el libro The Land of the Wild Beasts (una referencia paródica a Where The Wild Things Are, título original de Donde viven los monstruos) y hay una breve aparición de estas criaturas, dibujadas —en claro homenaje— siguiendo el estilo de Sendak.
Una versión del libro que quizás todavía no viste:
La versión cinematográfica dirigida por Spike Jonze y protagonizada por Max Records.
Fue estrenada en octubre del 2009 en Estados Unidos y en enero del 2010 en la Argentina.


















Premios: En el año de su primera edición Donde Viven los Monstruos fue elegido por The New York Times Book Review como uno de los mejores libros ilustrados de la época. En 1964 fue condecorado con la medalla Caldecott. Traducido a numerosos idiomas, obtuvo el Boston Globe-Horn Book Award y fue un libro notable de la ALA (American Library Association, Asociacion de Bibliotecas Americana).

Críticas: Revolucionó el universo de los libros ilustrados para niños, al mismo tiempo que dio a lugar a duras críticas que lo consideraron “políticamente incorrecto”, ya sea por la exhibición de monstruos o porque el autor nos muestra a Max como un niño cualquiera que hace travesuras y desobedece, se enoja con su mamá, tiene miedos e inseguridades - que afronta con la imaginación y sus propios recursos - y, en su viaje introspectivo al mundo de los monstruos, los desafía cara a cara y se convierte en el rey de las “cosas salvajes”.

Sendak responde así a los cuestionamientos adultos sobre su obra:
"Son personas que tienden a sentimentalizar la infancia, a ser sobreprotectores y a pensar que los libros para niños han de amoldar y conformar la mente a los modelos aceptados de comportamiento, logrando niños sanos, virtuosos, sabios y felices." Citado por Sergio Andricaín en Ilustradores de literatura infantil y juvenil (Medellín, Comfenalco, 1998).
Y agrega:

“Ciertamente, los niños son los mejores críticos. Son más cándidos y van más directamente al grano que los críticos profesionales. Pero cuando los niños aman tu libro, dicen: 'Me encanta su libro'. O si no, es: 'Querido Sr. Sendak: odio su libro. Espero que se muera pronto. Cordialmente.'" Sendak, Maurice. The Noonday Press (Nueva York, Caldecott & Co, 1990; pág. 214). Citado en Iribarren, Elena. "Un encuentro con Maurice Sendak". En: Enlaces con la crítica Nº 1. Caracas, Banco del Libro-CONAC; octubre-diciembre de 2000, pág. 7





En relación al papel de la fantasía en la escritura y el arte en general, Sendak señala:
"La fantasía es algo que ocupa la vida de los niños. Creo que no hay ninguna parte de nuestras vidas infantiles o adultas, en la cual no estemos fantaseando. Pero preferimos relegar la fantasía a los niños, como si fuera una tontería apta sólo para las mentes inmaduras de los pequeños. Los niños viven dentro de la fantasía y en la realidad, de una manera que ya no podemos recordar. Tienen un sentido preciso de la lógica de lo ilógico, y pasan con facilidad de una esfera a otra. La fantasía es la esencia de toda escritura para niños, como creo que lo es para la escritura de cualquier tipo de libro, para cualquier acto creativo, y tal vez también, para el acto de vivir." Sendak, Maurice. Op. cit; pág. 174. Citado en Iribarren, Elena (Iribarren, Elena. "Un encuentro con Maurice Sendak". En Enlaces con la crítica Nº 1. Caracas, Banco del Libro-CONAC; octubre-diciembre de 2000; pág. 6).
Muchas personas están empeñadas en proteger a los niños de lo que creen peligroso. El artista genuino tiene la misma preocupación. A pesar de esto su obra puede no responder a lo que los especialistas manifiestan que es correcto para los niños. El artista pone elementos en su obra que vienen de lo más profundo de sí mismo. Los toma de una vena peculiar de su infancia, siempre abierta y viva. Este es un don especial. Él comprende que los niños saben más de lo que la gente supone. Los niños están dispuestos a enfrentarse con temas dudosos que los adultos quisieran que no conocieran.

Si un libro no sigue el trayecto de lo que el especialista considera correcto, es un mal libro para niños. De manera que los que hacemos libros ilustrados somos condenados más fácilmente que otros artistas creadores porque tratamos con sujetos tan delicados: los niños. Nosotros debemos proteger a los niños y sin embargo no están protegidos de otras cosas. No están protegidos de la terrible televisión. Nadie los protege de la vida porque es imposible hacerlo. Todo lo que tratamos de hacer seriamente es hablarles acerca de la vida. ¿Qué hay de malo en esto? Y, de todas maneras, ya saben de la vida." Lorraine, Walter. "El significado de la ilustración en los libros para niños. Entrevista con Maurice Sendak", pág. 8-9. En: Parapara Nº 1; Caracas, Banco del Libro, junio de 1980
 
¿Quién es Maurice Sendak?

La única felicidad en mi vida es dibujar. Todo lo que me atormenta se desvanece cuando lo hago.

Es ilustrador y autor de libros infantiles. Nació en Brooklyn, Nueva York el 10 de Junio de 1928. Sus padres eran inmigrantes polacos de origen judío.
Como ilustrador y autor de textos infantiles publicó numerosas obras.
En 1970 recibió el Premio Hans Christian Andersen de ilustración por el conjunto de su obra y, en 2003, el Premio Internacional de Literatura Infantil en Memoria de Astrid Lindgren junto con la escritora austríaca Christine Nöstlinger.
Sendak no sólo se dedicó a la ilustración de libros infantiles, también fue escenográfo de ópera y ballet. Participó de la realización de El Cascanueces (1983) de E.T.A. Hoffmann y Tchaikovsky; La flauta mágica (1981) de Mozart; El amor de las tres naranjas de Prokófiev (1984); Hansel y Gretel (1997) de Grimm y Engelbert Humperdinck.
Participó en el guión y las letras de las canciones de la animación televisiva Really Rosie (1975), la cual tiene por protagonista a la niña de su libro El letrero secreto de Rosie y en la adaptación teatral de Donde viven los monstruos (1979). Los libros de Osito, escritos por Else Holmelund Minarik e ilustrados por Sendak, se convirtieron también en una exitosa serie televisiva.
En el 2003 Sendak (como autor de las ilustraciones) y Tony Kushner (como autor del texto) publicaron Brundibar, una nueva versión en inglés de la ópera para niños del compositor Hans Krása, que niños judíos representaban en el campo de concentración de Theresienstadt, Checoslovaquia. Esta versión de Sendak y Kushner de Brundibar ha sido llevada al escenario en 2003 y 2005.

A los niños se les puede decir cualquier cosa mientras sea verdad ...

 
¿Querés saber más de Maurice Sendak?

miércoles, 6 de julio de 2011

BITÁCORA Martes 05 Julio 2011

¡Qué cara de monstruo!

Participamos:
Agustín, Agustina, Cindy, Jeanette, Mariana, Ramiro, Rocío, Santiago (volvió Santi !!), Sofía.
Faku: hoy te extrañamos.
Hoy se unió al Club de Lectura la pequeña Ludmila.
Y compartió las actividades con nosotros Silvia "la bibliotecaria".


Cuando nos reunimos el jueves pasado y comenzamos a contar monstruosas historias... Rocío tuvo una monstruosa idea: Propuso hacer máscaras !!! (máscaras horribles... de esas que dan muuuucho mieeeedooo). Y todos estuvieron de acuerdo.



Con cartones, cajas de ravioles (sin los ravioles, claro, que los comimos el domingo), papeles, lápices, marcadores, brillantina (que trajo Agustín), voligoma y tijeritas, "algunos" se animaron a hacer el trabajo verse feos.



Digo "algunos" porque otros no querían salir en la foto
despeinados, con la mirada enredada, los dientes sangrantes o las orejas puntiagudas...
¿Será cierto que las fotos te roban el alma?


Silvia "La Bibliotecaria",
leyendo "El regalo del señor Maquiaveli"


Mientras los creadores de monstruos trabajaban...
con Silvia leímos unos cuentos.











Pasó algo extraordinario...
¿Qué fue lo que pasó?
Algo muuyyy lindo... compartimos todo con todos
- Uh!! Traje de todo, pero me olvidé el cartón...
- No importa, yo te doy
- Tomá papel, que tengo de colores
- ¿Me prestás la goma?
- ¿Quién tiene una tijerita con punta?
- ¿Me ayudás a hacer la cara que no me sale la forma?
... y así...
...Y así quedamos de lindos
(digo: de feos !!!) :


Que tengas buenas noches y sueñes con monstruitos...

martes, 5 de julio de 2011

Graciela Montes


Había una vez una palabra
redonda, entera, brillante.
Adentro de la palabra

estaba el mundo.
Y en el mundo

estábamos nosotros,
diciéndonos palabras.

¿Quién es Graciela Montes?
Graciela Montes es escritora y es traductora. 
Nació en Buenos Aires el 18 de marzo de 1947.
Se recibió de Profesora en Lenguas y Literaturas Modernas en la Universidad Nacional de Buenos Aires, en 1972.
Tuvo una extensa y destacada trayectoria en el Centro Editor de América Latina, fue co-fundadora de la editorial Libros del Quirquincho y fue miembro fundador de ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina, sección nacional del IBBY) y cofundadora y codirectora de la revista La Mancha, papeles de literatura infantil y juvenil.
Escribió más de setenta títulos para niños (y algunos menos para adultos).
Obtuvo importantísimos premios y reconocimientos por su trabajo literario.

Sus datos biográficos podés leerlos aquí:

Libros y Cuentos que escribió Graciela Montes:
Podés consultarlos aquí:

Para seguir leyendo...

Bicho raro - Graciela Montes

El Bicho raro apareció un día como otros días en la Plaza de la Vuelta de la Ciudad Importante,
justo a la hora en que Anastasio, como siempre, rastrillaba el arenero.
El Bicho Raro miraba con sus ojos rosados desde abajo de una hamaca.

Era verdaderamente raro, raro sin chiste. Tenía una gran cabezota llena de rulos y bigotes muy lacios. Tenía un cuerpo gordo de vaca y cuatro pies diminutos, cada uno con sus cinco dedos. Tenía ojos rosados. Tenía orejas imposibles. Tenía cola ridícula, dientes absurdos, hocico inverosímil.
El Bicho Raro era de esos que no pueden ser pero que son, nomás, porque están ahí parados.
Anastasio se lo quedó mirando con el rastrillo en la mano. Y el Bicho Raro también lo miró a Anastasio con ojos muy sonrosados.
Al poco rato empezó a correrse la noticia, por supuesto. Un Bicho Raro no puede pasar desapercibido en una Ciudad Importante.
A la Plaza de la Vuelta llegaron los biólogos y los vigilantes, los locutores de televisión y los veterinarios, los curanderos y los astrólogos, los estudiantes de Bellas Artes y el presidente de la Sociedad Rural. Pero llegó, más que nadie, el Intendente, el Único Intendente de la Ciudad Importante, que de inmediato mandó desalojar la plaza.
Y mandó muchísimo más, no por nada era Intendente.
Mandó, por ejemplo, que trajesen una jaula. Y antes del mediodía trajeron una gran jaula de aluminio, que brillaba como una estrella. Tanto brillaba que nadie se explicaba cómo podía ser que el Bicho Raro no quisiese entrar en ella. Enroscado debajo del tobogán espiaba con sus ojos rosados y miraba cómo Anastasio volvía a rastrillar la arena para quitarle los papeles, las cajitas y la latas de todos los visitantes.
También Anastasio lo miraba de vez en cuando y decía por lo bajo:
- Bicho Raro, Bicho Feo, pobre bicho.
Lo cierto es que para meter al Bicho Raro en la jaula hubo que usar correas rojas y cadenas redondas con eslabones de bronce.
Después subieron la jaula a una camioneta y la pasearon en triunfo por la ciudad, ida y vuelta por la Gran Avenida, por la Calle de los Generales, por la Calle del Oro y por la Calle del Cine. Todos se agolpaban para mirar al Bicho Raro, para tirarle, si podían, de las orejas, para peinarle, a veces, los bigotes. Nadie, en cambio, le miraba a los ojos, rosados y redondos como flores de geranio.
En la Ciudad Importante es fácil acostumbrarse a todo, hasta a un Bicho Raro. Por eso el Bicho Raro al rato ya no fue tan raro, fue nada más que un bicho y, después, un bicho molesto. A nadie se le ocurría ir a pasearlo por la ciudad para que todos lo vieran porque ya lo habían visto todos.
Poco a poco el Bicho Raro dejó de mirar pasar las cosas con sus ojos rosados y se acurrucó contra los barrotes, porque la jaula brillante no tenía rincones.
Entonces volvió el único Intendente. Y volvieron los biólogos, los vigilantes, los locutores y los veterinarios. Y los astrólogos y los curanderos.
- Está intoxicado - dijo el veterinario.
- Está descompensado - dijo el biólogo.
- Está engualichado - dijo el curandero.
Y todos estuvieron de acuerdo en que el Bicho Raro no tenía remedio.
- ¡Que lo lleven de vuelta a la plaza! - ordenó el Intendente, y dio por terminado el cuento.
Pero, a pesar del Intendente, el cuento no terminó ahí, porque en la Plaza de la Vuelta estaba Anastasio, como siempre, rastrillando la arena.
- Bicho raro, Bicho Feo, pobre bicho - se dijo Anastasio cuando lo vio, acurrucado como el primer día debajo de una hamaca.
Y como era el mediodía apoyó el rastrillo en el tronco de un paraíso, se secó el sudor con la manga de la camisa y se sentó a desenvolver con cuidado el paquete del almuerzo: un sánguche de queso y matambre con bastante mayonesa.
Cuando estaba por morder una puntita del pan pensó:
- Pobre bicho, en una de esas tiene hambre.
Entonces Anastasio se acercó despacito hasta la hamaca y despacito también tendió su mano grande con un sánguche de queso y matambre en la punta.
Entonces el Bicho Raro se levantó sobre sus piecitos de cinco dedos, sacudió su cuerpo de vaca y su cabezota llena de rulos, husmeó la mano de Anastasio con su hocico inverosímil, movió alegremente su cola ridícula y clavó sus dientes absurdos en el sánguche tierno.
- Pobre bicho, Bicho Raro - dijo Anastasio -. Tenía hambre.
Ese día y muchos otros, Anastasio y el Bicho Raro compartieron el almuerzo debajo de un paraíso.

domingo, 3 de julio de 2011

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La aldovranda en el mercado - Ema Wolf

La aldovranda vesiculosa entró en el mercadito.
Como era una planta carnívora, venía a buscar algo para la cena.
Así que fue derecho a la carnicería y se puso en la cola con las otras viejas.
Delante de ella había una con un perro enano, del tamaño de un monedero, friolento y quejoso.

La aldovranda lo miró con gula. Se relamió.
- ¡Qué lindo perrito! ¡Y qué chiquito! Seguro que hace pis en un bonsai !- Hizo ademán de agarrarlo. - ¿Me deja tenerlo?

La mujer, horrorizada, escondió el perro en el escote.
La planta ponía muy nerviosa a la clientela.
Sin nombrarla directamente, brotaron alrededor de ella comentarios maliciosos:
- Yo a mis plantas las alimento con agua y abono, no con milanesas…- ¡Pero si este mundo es una degeneración, m’hija! ¿No ve que están desapareciendo todos los gatos del barrio?La planta, como si oyera llover.
El carnicero la apreciaba: era una buena clienta y se comía todas las moscas del negocio. Ella le sonreía. La simpatía era mutua.

En cambio, la aldovranda odiaba al verdulero del puesto de enfrente. ¡Cómo alguien podía vender vegetales para que otros se los comieran!
Cada vez que el hombre pasaba a su lado rumbo a la balanza con los brazos rebalsando mandarinas, le susurraba en el oído: “¡Caníbal!”.
El verdulero soñaba con verla hervida.
Pero más la odiaba por todo lo que venía después.
Esta vez, como otras, la aldovranda empezó con su rutina:
-¡AY! - gritó entre dos suspiros - ¡ESAS TRISTES ZANAHORIAS DESENTERRADAS!

Al rato:
-¡OH, POBRES PEREJILES MUSTIOS! ¡POBRES ESPINACAS PRISIONERAS!

La gente se puso incomodísima.
El verdulero miró al carnicero con furia acusadora por tener semejante cosa entre su clientela. El carnicero la defendió con el alma en los ojos.


Ella siguió:
-¿CUÁL FUE EL PECADO DE ESOS ZAPALLITOS PARA QUE LOS ARRANCARAN TIERNOS DE LA PLANTA?


El mercadito se llenó de comentarios.

La cola de la verdulería se puso a defender al verdulero. La de la carnicería se sintió en el deber de ser fiel al carnicero aunque la aldovranda no fuera santa de su devoción.
Discutieron. Se juntó más gente.
- ¡Hagan callar a ésa! - gritaron los verdes apuntando a la planta.
- ¡La gente tiene derecho a opinar! - le retrucaron los otros.
A todo esto la aldovranda papaba moscas y aullaba:
- ¡INFELICES REMOLACHAS MANIATADAS, ALGúN DíA LES LLEGARÁ LA LIBERTAD!
El verdulero avanzó ya como para apretarle el pescuezo. Lo sujetaron.
- ¡No se meta con mis clientas! - bramó el carnicero.
- ¡Vivan las proteínas! ¡Viva el asado con cuero! - gritaron los de su bando. Y arrancaron con un zapateo de malambo.
Una mujer contó cómo se había hecho vegetariana el día que soñó que comía una vaca viva puesta entre dos rodajas de pan. Lloró a lágrima viva recordando cómo la miraba la vaca. Muchos la apoyaron con gritos de “¡Arriba la fruta!”, “¡Vitaminas sí, otras no!”.
La discusión se hizo tan grande que se mezclaron las dos colas y algunos se fueron a las manos.
La aldovranda alcanzó a gritar:
- ¡PELADAS, CORTADAS, HERVIDAS Y APLASTADAS! ¡QUÉ DESTINO EL DE LAS PAPAS!

Y entonces se produjo el gran desbande.
Unos salieron corriendo. Otros se fueron a sus casas protestando porque cada vez que aparecía la planta pasaba lo mismo. Otros se pegaron a la vidriera para ver una vez más el gran duelo: el carnicero y el verdulero frente a frente, uno con la sierra de separar costillas y el otro con la sierra de cortar zapallo.

En medio del mercadito, como dos gladiadores del futuro, quedaron trenzados en un combate feroz.
El destello azul de las sierras al cruzarse iluminaba la ganchera en la penumbra del atardecer.
Entre los gritos de los dos ninjas, se oyó la voz de la aldovranda:
- ¡HERMANAS VERDURAS, VOLVERÉ!

Y se fue. Esta vez con una pierna de cordero porque a la noche tenía visitas.

Ema Wolf

¿Quién es Ema Wolf?
Ema Wolf es una escritora argentina. Nació en Carapachay, Provincia de Buenos Aires, el 4 de mayo de 1948.
Es licenciada en Lenguas y Literaturas Modernas  por la Universidad de Buenos Aires.
Escribió muchos libros y cuentos infantiles, pero también tiene publicados libros para adultos.
Trabajó en distintos medios periodísticos y revistas infantiles.

Sus libros y cuentos, imperdibles, podés descubrirlos aquí:
http://www.imaginaria.com.ar/00/9/wolf2.htm

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Otro cuento de Ema Wolf

El regalo del señor Maquiaveli

El señor Dante Maquiaveli quiso darle una sorpresa a su querida esposa Brígida y le regaló un fantasma.

Lo encontró en un cambalache fino cerca de su casa, en medio de percheros y soperas de porcelana.

El fantasma tenía un cartelito que decía “oferta: 20.000 $”. La cifra representaba la cuarta parte de su sueldo pero Maquiaveli no vaciló: la patrona se merecía eso y mucho más.

El cambalachero anticuario le dijo que era un legítimo fantasma escocés, que gemía por las noches, arrastraba cadenas, tocaba la gaita con horrísona melancolía, paraba de punta los pelos de las visitas, etc.

Lo llevo – dijo el señor Maquiaveli.

Cuando llegó al edificio donde vivía, se escabulló por una escalera de incendios para que no lo viera el portero: el consorcio no admitía fantasmas.
En la casa encontró a su esposa Brígida delante del espejo. Estaba poniéndose los ruleros y untándose la cara con crema de placenta de vinchuca.
Cuando Brígida vio en el espejo la horrorosa aparición, lanzó un alarido que arrugó la médula de los vecinos en ocho manzanas a la redonda.

Ni bien entendió que era un regalo de su marido no pudo menos que sentirse agradecida. Hizo lo que hace todo el mundo cuando recibe un regalo. Dijo:

¡Qué lindo!

Después con su habitual sentido práctico agregó:

¿Y dónde lo ponemos, viejo?

El departamento era de dos ambientes con kitchinette, así que instalaron el fantasma en la baulera de la terraza. Desde allí podría pasearse por las azoteas y aterrorizar a sus anchas.

Esa noche Dante y Brígida se acostaron emocionados, con las cabezas juntas y las manos enlazadas. De un momento a otro esperaban oír el quejido ululante y tenebroso, típico de los fantasmas, una risotada siniestra o algo así.

En cambio escucharon un bostezo grosero y vieron que el fantasma se filtraba en el mismísimo dormitorio. Después se metió a los pies de la cama y se tapó con la frazada.

Dante Maquiaveli quedó estupefacto.
Brígida gritó espeluznada.
Después reaccionó y le dijo a su marido:

Viejo, ¿por qué no lo llevas de nuevo a la terraza?

Dante agarró al fantasma por el pescuezo y lo fletó para arriba.
Inútil.
El horripilante espectro atravesaba las paredes y en dos minutos lo tenían de nuevo en la cama.

Así pasaron esa noche y varias otras noches: ellos que lo sacaban y el fantasma que volvía y Brígida que gritaba y dormía con las rodillas en el mentón.

Hasta que la señora de Maquiaveli se puso firme y una madrugada le dijo a su marido:

El fantasma o yo.

Dante tuvo un momento de duda.
Su esposa no atravesaba paredes, así que no había peligro de que volviera.
Además el fantasma no dormía con ruleros ni ungüentos de vinchuca.
Hasta podía jurar que no tenía los pies tan helados como ella.

¡Pero no, no! Dante espantó esa idea como quien espanta un gato a escobazos. ¡Él amaba a Brigidita!

Al día siguiente llevó al fantasma de vuelta al cambalache.
Como no le quisieron devolver la plata lo cambió por una capa negra y unos dracu-dracu usados.
Esperó que cayera el sol y volvió enternecido a su casa.
Estaba empeñado en darle una sorpresa a Brigidita.